Mensaje de Mons. José Luis Corral: "Ser coreógrafos de la esperanza en la danza de la vida"
Inspirado en recientes palabras del Papa León XIV, el prelado instó a docentes y alumnos a transformar la educación en una "coreografía" de amor y compromiso humano, alejándose de los movimientos rígidos y la frialdad tecnológica.
AÑATUYA, SANTIAGO DEL ESTERO. — Con un tono profundamente poético y esperanzador, el Obispo de Añatuya dio la bienvenida al año escolar 2026. Bajo el lema "Coreógrafos de la Esperanza en la Danza de la Vida", el mensaje busca rescatar la esencia de la pedagogía en un contexto global marcado por la sobrecarga de pantallas y el aislamiento social.
Los 4 pasos de la "Coreografía Educativa"
Mons. Corral propuso cuatro pilares fundamentales para guiar este año lectivo, presentándolos como el compás que debe marcar el ritmo en las aulas santiagueñas:
- Interioridad: Ayudar a los niños y jóvenes a entrar en el corazón para encontrar lo esencial en un mundo de estímulos constantes.
- Unidad: Coordinar miradas y acompasar tiempos para formar una comunidad donde cada gesto tenga sentido en relación con los demás.
- Amor: Entender el acto de enseñar y aprender como una entrega mutua que rompe la soledad.
- Alegría: Vivir el compromiso educativo con entusiasmo, encendiendo una llama que funda los corazones.
El rol del educador como "Coreógrafo"
Para el obispo, el maestro de hoy no debe limitarse a dar "lecciones fijas y repetidas", sino que debe actuar como un guía que:
- Transmite la sintonía y despierta el sentido del ritmo.
- Anima a cada estudiante a aportar su propio movimiento.
- Enseña los pasos sin imponer rigidez, buscando una presentación armoniosa y bella de la vida.
"El amor siempre nos saca del aislamiento y de la soledad, nos permite formar comunidad y descubrir la alegría de caminar juntos", expresó el prelado en su misiva.
Un llamado a la humanidad frente a la tecnología
En su mensaje, Mons. Corral advirtió sobre el peligro de un mundo dominado por "pantallas y filtros tecnológicos". Destacó que el proceso educativo debe ser plenamente humano, poniendo a la persona en el centro y utilizando la paciencia, la cercanía, la verdad y la misericordia como herramientas principales, siguiendo el ejemplo de Jesús de Nazaret y María.
Finalmente, elevó una oración para que los jóvenes de la diócesis encuentren su vocación y misión, confiando en los "tiempos de Dios" para ver los frutos de esta danza de esperanza.
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