Interna oficialista: Pareja en la Bicameral de Inteligencia busca auditar los movimientos de Caputo
La feroz disputa de poder que se desarrolla de manera subterránea dentro del oficialismo sumó un capítulo crucial que impacta de lleno en una de las estructuras más sensibles del Estado: el sistema de inteligencia nacional. La reciente designación de Sebastián Pareja al frente de la estratégica Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia fue interpretada en los pasillos de la Casa Rosada como una avanzada directa del armado político conducido por Karina Milei sobre el territorio de influencia del asesor presidencial, Santiago Caputo.
El movimiento legislativo dejó al descubierto la creciente tensión entre los dos sectores de mayor densidad política dentro del universo libertario. Aunque desde las terminales oficiales desmienten una ofensiva interna, en el entorno de la hermana del Presidente admiten que el objetivo estratégico de la jugada es garantizar un acceso directo y sin intermediarios a la información sobre el funcionamiento de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y a los movimientos políticos y corporativos que orbitan alrededor de Caputo.
El factor Peter Thiel y el quiebre con el PRO
De acuerdo con fuentes parlamentarias, la alarma dentro del esquema de Karina Milei y del clan Menem se encendió tras trascender una serie de reuniones reservadas entre Santiago Caputo y Peter Thiel. El poderoso empresario tecnológico estadounidense, cofundador de PayPal y Palantir Technologies —firma global especializada en el procesamiento masivo de datos (big data) y tecnología de software aplicada a la inteligencia y la defensa—, mantuvo un acercamiento que generó profunda inquietud en el círculo íntimo presidencial, lo que aceleró la decisión de entronizar a Pareja en el Congreso.
La maniobra, sin embargo, provocó daños colaterales inmediatos en la arquitectura de alianzas parlamentarias. El principal damnificado fue Cristian Ritondo, jefe del bloque del PRO en la Cámara de Diputados, quien aspiraba a quedarse con la conducción del organismo de control tras acuerdos previos que se daban por cerrados con la Casa Rosada. Desde el macrismo acusaron formalmente a los libertarios de romper los compromisos asumidos, profundizando el malestar preexistente por la distribución de cargos y las negociaciones frustradas en ambas cámaras.
Un organismo de máxima sensibilidad
Por sus facultades legales, la comisión bicameral es un órgano de máxima sensibilidad política, con la potestad jurídica de requerir informes secretos, revisar operaciones encubiertas y controlar de forma exhaustiva el uso de los siempre polémicos fondos reservados de la SIDE. En sectores del propio oficialismo reconocen que la llegada de Pareja funciona como un fuerte límite institucional hacia Caputo: marcar presencia territorial y advertir que sus movimientos serán observados bajo lupa legislativa.
Pese al voltaje del nombramiento, cerca del nuevo titular de la comisión intentaron bajar los decibeles y aseguraron que no se pretende transformar el organismo en un ring de disputa interna. El dirigente bonaerense ya inició el proceso de interiorización sobre el estado del área de inteligencia y prometió trabajar para fortalecer organismos públicos que, según su óptica inicial, “fueron desnaturalizados y alejados de sus objetivos esenciales”.
El escenario se completa con la mirada atenta de la oposición, que observa con recelo decisiones cruzadas en materia de seguridad, como la reciente restitución de capacidades de contrainteligencia militar a las Fuerzas Armadas impulsada por el Ministerio de Defensa. En este complejo tablero, Pareja asume una posición delicada: administrar los secretos de Estado en medio de una guerra de facciones oficialistas, contener los reclamos de los aliados del PRO y evitar que el Congreso nacional se convierta en el principal campo de batalla de la interna libertaria.
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