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La industria del calzado en Argentina atraviesa su momento más crítico. Las marcas líderes, Nike y Adidas, han oficializado su decisión de cesar la producción de calzado deportivo en el país, optando por trasladar sus líneas de fabricación a Paraguay, Brasil y mercados del sudeste asiático. Esta relocalización, impulsada por los elevados costos energéticos, impositivos y laborales, ha desencadenado el cierre definitivo de más de 100 fábricas en todo el territorio nacional.

Impacto en el empleo y la capacidad productiva

El efecto dominó de esta retirada es devastador. El Grupo Dass, un actor clave en el ensamblaje para estas firmas, cerró su emblemática planta en Coronel Suárez y trasladó su maquinaria a suelo paraguayo. Paralelamente, la planta de Eldorado, en Misiones, ha reducido su dotación de personal de 1.700 a apenas 170 operarios.

Actualmente, el sector opera al 30% de su capacidad instalada, un nivel crítico que, según advierte la Federación Argentina de la Industria del Calzado, pone en riesgo la continuidad de los establecimientos que aún resisten. En los primeros seis meses del año, se han importado 12 millones de pares, consolidando un modelo que prioriza la importación sobre el sello "Hecho en Argentina".

La paradoja del consumidor: importar no bajó los precios

Pese a la apertura comercial bajo la promesa de una mayor competitividad, los precios del calzado deportivo en Argentina continúan siendo de los más elevados a nivel global. Los consumidores locales siguen pagando valores superiores a los registrados en mercados vecinos como Chile o Brasil, lo cual desmonta el argumento de que el fin de la producción local redundaría en un beneficio directo al bolsillo del ciudadano.

Con una proyección de estancamiento para los próximos meses y la ausencia de políticas de incentivos, la industria local enfrenta un futuro incierto, encaminándose hacia una reconversión donde la manufactura nacional parece quedar relegada ante la conveniencia operativa del exterior.

Autor: admin